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POLÍTICA

El Senado bonaerense conformó sus comisiones

Con la formalización de las comisiones, la Cámara alta recupera su circuito institucional básico, aunque con tensiones que siguen latentes.

5 de Mayo de 2026

Después de semanas de parálisis y negociaciones sin síntesis, el Senado bonaerense volvió a ponerse en marcha. El decreto firmado por la vicegobernadora Verónica Magario terminó de ordenar —al menos parcialmente— el tablero legislativo tras la renovación de diciembre de 2025, en un contexto donde la falta de acuerdos había bloqueado la dinámica parlamentaria.

 

El dato no es menor. Sin comisiones constituidas, el Senado funcionaba a media máquina: los proyectos no podían ser dictaminados y el recinto quedaba atado a tratamientos “sobre tablas”, una excepción que se había vuelto regla. Con la formalización de las comisiones, la Cámara alta recupera su circuito institucional básico, aunque con tensiones que siguen latentes.

 

El esquema aprobado exhibe un equilibrio que, lejos de ser armónico, responde a la necesidad de convivencia entre espacios con intereses divergentes. Fuerza Patria mantiene el control político, pero ya no monopoliza todas las palancas.

 

En Legislación General, el corazón técnico del Senado, el oficialismo logró una posición clave con Germán Lago (Movimiento Derecho al Futuro), acompañado por Marcelo Leguizamón Brown (HECHOS-UCR), Pedro Borgini y Guillermo Montenegro. Es una señal directa del peso que el kicillofismo busca consolidar en el circuito legislativo.

 

En Presupuesto e Impuestos, la presidencia quedó en manos de Emmanuel González Santalla (La Cámpora), una jugada que reubica a la agrupación en el centro de la discusión económica. Allí se definirán variables sensibles como recursos, gasto público y endeudamiento.

 

Por su parte, Asuntos Constitucionales y Acuerdos —clave para pliegos y arquitectura institucional— pasó al Frente Renovador con Malena Galmarini como titular. El movimiento refleja el delicado equilibrio interno dentro del peronismo, donde cada sector busca conservar influencia en áreas estratégicas.

 

El dato político más relevante no está solo en quiénes presiden, sino en cómo se distribuyen esos lugares. Las principales tribus del peronismo bonaerense lograron asegurarse espacios de peso, pero sin una conducción unificada que ordene el conjunto.

 

La Cámpora, el massismo y el kicillofismo aparecen representados en los núcleos duros del Senado, lo que garantiza presencia pero también anticipa disputas. La negociación por las comisiones fue, en ese sentido, una prolongación de las tensiones que ya habían quedado expuestas en febrero, cuando se discutieron cargos internos de la Cámara.

 

La oposición no quedó afuera del esquema. Referentes del PRO, la UCR y La Libertad Avanza lograron posiciones en distintas comisiones, aunque sin capacidad de conducción en las más determinantes.

 

Casos como Diego Valenzuela en Asuntos Municipales, Analía Balaudo en Comercio Interior o Juan Manuel Rico Zini en Modernización del Estado muestran una estrategia de inserción institucional más que de control político.

 

El tablero, sin embargo, está incompleto. La comisión de Reforma Política y Régimen Electoral —una de las más sensibles— quedó fuera del decreto y será definida en una norma complementaria.

 

No es un detalle menor. Allí se discuten las reglas del juego electoral, y la falta de acuerdo revela que las tensiones de fondo siguen abiertas. En un año donde empiezan a perfilarse estrategias de cara al próximo turno electoral, el control de esa comisión tiene un valor político determinante.

 

Pese al avance institucional, el funcionamiento pleno del Senado todavía no tiene fecha. No hay convocatoria confirmada para sesionar, aunque circularon versiones sobre una posible reunión en mayo que hasta ahora no se concretaron.

 

La normalización de las comisiones era un paso necesario, pero no suficiente. El desafío ahora será sostener acuerdos en el tiempo para evitar que el equilibrio alcanzado derive en un nuevo bloqueo.

 

El nuevo mapa del Senado bonaerense deja una conclusión clara: nadie tiene todo el poder, pero todos tienen una parte. En ese esquema, la gobernabilidad dependerá menos de las mayorías formales y más de la capacidad de construir acuerdos permanentes.

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