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ECONOMÍA

El riesgo país sube y el mercado no le cree al plan oficial

Ni el superávit ni el Congreso alineado alcanzan: el riesgo país sube y complica a Javier Milei y Luis Caputo.

2 de Marzo de 2026

El índice de riesgo país volvió a encender luces amarillas en la plaza financiera. Después de tocar un mínimo de 482 puntos el 29 de enero, el indicador escaló de manera sostenida hasta cerrar el viernes en 570 puntos, lo que implica una suba cercana al 19% en apenas un mes.

 

El dato contrasta con la narrativa oficial. Con el Congreso alineado, superávit financiero, dólar estable y compras de divisas por parte del Banco Central de la República Argentina, el equipo económico proyectaba un sendero descendente hacia los 400 puntos. Ocurrió lo contrario.

 

El riesgo país refleja el sobrecosto que exigen los inversores para prestarle dinero a la Argentina respecto de la tasa de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años, que hoy rinden en torno al 4% anual.

 

Con el índice en 570 puntos, el mercado está indicando que el país debería convalidar una tasa cercana al 9,7% o 10% anual para emitir nueva deuda en dólares. Es un nivel que, en la práctica, mantiene cerrado el acceso al crédito voluntario internacional.

 

El objetivo implícito del ministro de Economía, Luis Caputo, era aprovechar una baja del riesgo país para regresar a los mercados externos y aliviar el exigente cronograma de vencimientos. El propio funcionario ya admitió que este año esa puerta no se abrirá.

 

La persistencia de un riesgo país elevado se explica por varios factores estructurales. Los bonos soberanos continúan operando en paridades deprimidas y las reservas netas siguen en terreno negativo.

 

Las reservas brutas del Banco Central se ubicaron en torno a los USD 46.663 millones, pero el mercado mira el cálculo de reservas netas —el que utiliza el Fondo Monetario Internacional— que arroja un rojo cercano a los USD 14.100 millones.

 

Esa fragilidad limita la capacidad de respuesta ante un shock externo o ante mayores exigencias de pago de deuda. Para los inversores, no alcanza con comprar dólares si la acumulación no es genuina y sostenida.

 

Pese al relato oficial sobre estabilidad, los datos externos muestran tensiones. El Instituto Nacional de Estadística y Censos informó que en el tercer trimestre de 2025 la cuenta corriente registró un déficit de USD 1.581 millones.

 

A su vez, el balance cambiario del Banco Central reflejó en enero un déficit de cuenta corriente de USD 919 millones. Con un tipo de cambio que parte del mercado considera atrasado, se aceleran importaciones, aumentan los egresos por turismo y se sostiene la dolarización de carteras.

 

En enero, los egresos netos por viajes y pasajes alcanzaron los USD 743 millones, mientras que las “personas humanas” registraron compras netas de moneda extranjera por USD 3.146 millones, muy por encima de los USD 917 millones del mismo mes del año anterior.

 

El esquema financiero actual descansa en la lógica del carry trade: dólar relativamente estable, tasas en pesos atractivas y expectativa de salida ordenada.

 

Mientras esas tres condiciones se mantengan, el flujo especulativo sostiene la calma cambiaria. Pero el riesgo país funciona como un termómetro adelantado: si sube, anticipa que el mercado percibe vulnerabilidades.

 

La economía argentina exhibe superávit fiscal financiero y respaldo político, incluso con apoyo explícito de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump. Sin embargo, la combinación de reservas netas negativas, déficit externo y fuerte dependencia de capitales de corto plazo mantiene abiertas las dudas sobre la solvencia.

 

En julio próximo, el país enfrenta pagos de intereses y capital por unos USD 4.200 millones. Sin acceso pleno a los mercados internacionales y con colocaciones en dólares en la plaza local de alcance limitado —la última captó apenas USD 150 millones a una tasa del 5,89% anual—, el margen financiero luce acotado.

 

El mensaje implícito del mercado es claro: el riesgo país no retrocede porque todavía no se resolvieron los desequilibrios estructurales del frente externo ni se consolidó una acumulación robusta de reservas netas.

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