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INFORMACIÓN GENERAL

La ONU ratificó que El Niño podría ser el más fuerte de los últimos 40 años: “Se está volviendo gigantesco”

Alcanzaría su pico hacia fin de año y se espera que persista hasta febrero de 2027. Prevén efectos sobre las lluvias, las temperaturas y la producción agrícola.

3 de Septiembre de 2026

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que El Niño se intensificará en los próximos meses hasta convertirse en un fenómeno “muy fuerte” y que existe una probabilidad cercana al 100% de que continúe activo hasta febrero de 2027.

 

El organismo de Naciones Unidas alertó por sus posibles efectos sobre las lluvias, las temperaturas y la producción agrícola, aunque remarcó que los pronósticos permiten tomar medidas para reducir los daños.

 

El episodio alcanzaría su máxima intensidad hacia finales de este año, pero sus consecuencias sobre el clima podrían prolongarse durante buena parte de 2027. La secretaria general de la OMM, la argentina Celeste Saulo, sostuvo incluso que el fenómeno actual “podría ser más potente que todo lo observado desde que arrancó nuestro monitoreo” hace cuatro décadas.

 

“El Niño está claramente establecido y se intensificará hasta convertirse en un fenómeno muy fuerte en los próximos meses, con grandes impactos en los patrones de precipitación y temperatura, y los riesgos asociados a inundaciones, sequías y calor extremo”, señaló la OMM.

 

El fenómeno se caracteriza por un aumento de la temperatura de la superficie del océano en el centro y el este del Pacífico ecuatorial, capaz de modificar los patrones de vientos, presión y precipitaciones en diferentes regiones del planeta. Suele producirse cada dos a siete años y tiene una duración habitual de entre nueve y doce meses.

 

Las mediciones actuales muestran una marcada intensificación. El índice que registra las anomalías de temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial centrooriental se ubicó en promedio 1,5 °C por encima de los valores normales entre mayo y julio. Entre fines de julio y mediados de agosto, los registros semanales oscilaron entre 2,2 °C y 2,6 °C por encima del promedio.

 

Debajo de la superficie, las diferencias fueron todavía mayores. En algunas zonas del Pacífico tropical, las temperaturas oceánicas subsuperficiales estuvieron más de 8 °C por encima de la media durante julio y principios de agosto.

 

“El Niño se está volviendo gigantesco ante nuestros ojos”, alertó el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. Y agregó: “La ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se encuentra en aguas desconocidas, y esas aguas se están calentando”.

 

El fenómeno no es provocado por el cambio climático. Sin embargo, los científicos esperan que contribuya a elevar todavía más las temperaturas en un planeta que ya atraviesa un proceso de calentamiento asociado a la quema de combustibles fósiles y que pueda intensificar distintos eventos meteorológicos extremos.

 

El Niño suele alcanzar su pico hacia finales del año, aunque el calor acumulado en los océanos tarda más tiempo en liberarse a la atmósfera. Por ese motivo, su influencia sobre las temperaturas globales puede continuar durante los doce meses posteriores. El año más caluroso registrado fue 2024, después del episodio anterior de El Niño.

 

En América Latina, algunos países ya adoptaron medidas frente al fenómeno. Panamá y El Salvador declararon estados de emergencia, mientras que en Panamá la situación obligó incluso a reducir el tráfico de buques por la vía interoceánica. Ecuador, por su parte, impuso la alerta roja ante la fuerte intensificación de El Niño. La OMM también mencionó medidas preventivas tomadas en Perú y acciones implementadas en países asiáticos.

 

Pese a las advertencias, Saulo buscó evitar una lectura automática entre la intensidad prevista y la ocurrencia de catástrofes. “El Niño no tiene por qué ser una receta para el desastre. Tenemos las previsiones y la capacidad de anticipación necesarias para salvar vidas y proteger los medios de subsistencia”, afirmó durante una rueda de prensa.

 

La titular de la OMM planteó que el mensaje central del organismo es un “llamado a la acción” para que los gobiernos y los sectores más expuestos adopten medidas con anticipación. “La ciencia es clara. Tenemos los conocimientos y las herramientas necesarias para evitar que los peligros relacionados con El Niño se conviertan en una crisis”, sostuvo.

 

El jefe de Predicción Climática de la OMM, Wilfran Moufouma-Okia, explicó que las previsiones indican una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno persista entre septiembre y noviembre y continúe activo hasta febrero de 2027. Pero aclaró que ese porcentaje no implica que exista la misma probabilidad de que un país determinado sufra una inundación, una sequía o una ola de calor.

 

Los efectos, además, varían según cada episodio y cada región. Los eventos importantes suelen estar asociados con sequías en partes de la Amazonía, Indonesia y Australia, alteraciones de los monzones en India y cambios en las precipitaciones en distintas zonas tropicales.

 

Para el período comprendido entre septiembre y noviembre, los pronósticos de la OMM muestran además una mayor probabilidad de temperaturas superiores a los valores normales en casi todas las áreas terrestres.

 

Uno de los mayores riesgos señalados por la OMM está relacionado con la agricultura y la seguridad alimentaria. Una caída de la producción puede reducir la disponibilidad de alimentos y provocar aumentos de precios, con potencial impacto sobre millones de personas.

 

Saulo sostuvo que los gobiernos todavía tienen margen para adoptar decisiones preventivas en la producción agrícola. Entre ellas mencionó la posibilidad de seleccionar diferentes tipos de semillas de acuerdo con los escenarios previstos para cada región, ya sea por mayores precipitaciones, falta de agua o temperaturas más elevadas.

 

“Este El Niño excepcional tiene el potencial de asestar un golpe devastador a las comunidades y economías de todo el mundo”, advirtió la secretaria general de la OMM.

 

La funcionaria aseguró que ya se observan perturbaciones vinculadas con sequías e inundaciones y que los impactos podrían aumentar a medida que el fenómeno gane intensidad. Por eso pidió medidas de prevención no sólo en agricultura, sino también en sectores sensibles al clima como salud, energía y agua. “No hay tiempo que perder”, afirmó Saulo.

 

La OMM insistió, sin embargo, en que un fenómeno de gran intensidad no determina por sí solo la magnitud de los daños. La capacidad de anticipación, los pronósticos y las medidas adoptadas por cada país serán claves para reducir las consecuencias de un episodio que, según las actuales previsiones, seguirá fortaleciéndose durante los próximos meses.

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