04 de febrero de 2023
GRIETA OFICIAL

Axel Kicillof se le planta a Máximo Kirchner y no echará a Sergio Berni sin un llamado de Cristina

El jefe de La Cámpora le reclama al Gobernador que despida al ministro de Seguridad.
El jefe de La Cámpora le reclama al Gobernador que despida al ministro de Seguridad.
El verdadero poder descansa en la autonomía. Suele pasar en la vida y casi es una fija en la política. El funcionario más poderoso de un gobierno es el que mayor independencia tiene para trabajar. Hacer y deshacer con libertad o con el menor condicionamiento de los jefes.

En el Gabinete, sin dudas ese empoderamiento lo ostenta Sergio Massa, quien logra desenmascarar al relato kirchnerista al aplicar un plan de ajuste ortodoxo, darle un dólar privilegiado al campo y nombrar a un viceministro neoliberal que hasta hace poco se mofaba de Cristina por la manera en que amasó su fortuna. "Pero no era Massa el que iba a correr y meterlos en cana", se defiende con sorna Gabriel Rubinstein.

En Diputados está claro que Máximo Kirchner se mueve sin rendirle cuentas a nadie, aunque siempre intente que todos le rindan cuentas a él. Como lo fue con la Play, ahora es un fanático de chicanear al Presidente. Aunque últimamente también se entretiene criticando al que muchos ven como el hijo putativo de su madre: Axel Kicillof.

En lo más alto del ranking de políticos con autonomía no parecen estar ni Massa ni Máximo. Sino un funcionario de bastante menor jerarquía. A Sergio Berni no hay bala que lo perfore. Puede tratar de borracho al Presidente, agarrar del cogote al hijo de la Vicepresidenta, tener un muerto y varios heridos por una represión policial en un partido de fútbol o sobrevivir al descubrimiento de propiedades millonarias a su nombre.

A Berni nada lo mueve y nadie lo llama para pedirle explicaciones. Y va a seguir asi un buen tiempo más. Los intendentes del GBA se cansaron de pedir su cabeza y ahora creen que no es tiempo para cambiarlo.

​"Nunca se hacen grandes modificaciones a fin de año. No se logra ningún golpe de efecto", repite como una máxima un jefe peronista de la Tercera Sección Electoral.

Otro intendente, también de la Tercera, reconoce que se equivocaron en apuntar todos los cañones contra el ministro de Seguridad. "Terminamos aceptando que el problema no es Berni, sino la gestión de Kicillof", indica.

Los que no reculan ni un milímetro son Máximo, Wado y Larroque. Son los que más cascotean a Berni ante el gobernador. Renovaron la avanzada para sacarlo tras el discurso de Cristina en La Plata donde nombró por primera vez el flagelo de la inseguridad, sobre todo en el Conurbano.

"Que La Cámpora se deje de operar y desplegar miguelitos. Lo que dijo Cristina es ambiguo. Nadie sabe bien si fue contra Berni o si el apuntado fue Aníbal Fernandez por la falta de gendarmes en el GBA. El gobernador no va a echar a un ministro que siempre está poniendo la cara por la gestión de la provincia. Si quieren que se vaya, que llame directamente Cristina. Así de fácil", remarca un ex ministro que sigue en el gabinete de Kicillof.

Un alto funcionario del Gabinete nacional opina que a Berni "no lo van a sacar estos pibes (por La Cámpora). Echarlo ahora sería reconocer el fracaso en la política de seguridad a menos de nueve meses de las elecciones. En realidad, de gestión quedan cuatro meses, después entramos en campaña".

​"NADA PREVISTO"​. "Por el momento, nada previsto", le responden a Clarín desde el círculo de mayor confianza de Kicillof. El gobernador intentará evadir el tema de la inseguridad. "Ese laburo es el que mejor hace Berni: le para los pelotazos que llegan del GBA por la inseguridad", señalan. Tampoco se muestra muy de acuerdo con la llegada de gendarmes al Gran Buenos Aires.

El tema de los gendarmes es un dolor de cabeza para muchos intendentes. Los piden, pero no creen que lleguen tantos efectivos como para lograr un golpe de efecto en la percepción que los vecinos tienen por la falta de políticas para combatir la inseguridad. Un reclamo que incluso está arriba de la inflación y a la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, sobre todo en las barriadas donde abunda el empleo informal, ingresos que pierden escandalosamente ante la suba de precios. 

Es verdad que hablamos con Alberto por los gendarmes. Nos dijo que iba a llamar a Aníbal. Varios de nosotros también hablamos con Aníbal. Pero está todo tan lento y desordenado, que no creo que avancemos. Como máximo, podrá mandar 1.500 gendarmes como anuncio de campaña. Pero ya es demasiado tarde", reconoce un poderoso alcalde peronista que está en licencia.

¿Qué dice Berni? El ministro de Seguridad no quiere ni sabe desensillar. Con gesto adusto y voz firme, tiene "los quinotos al plato por las operetas de Máximo y Martín Insaurralde, que cuando me llama es un cagón".

​Entre sus hombres de confianza resaltan una frase que Berni suele repetir como un loro: "Fue Cristina la que casi me imploró asumir como ministro para bancar la gestión en la Provincia. Yo no quería saber nada, me la jugué y juego por ella. No me llamó ni cuando lo quise trompear a Máximo. Imaginate si lo va a hacer ahora para que me vaya. Cristina sabe que nos respetamos mucho y nos matamos laburando".

Desde La Plata tienen un argumento sólido para cualquiera que pida la cabeza de Berni.

​"Que nos den un nombre. Un reemplazante. Nadie tiene la menor idea de a quién poner en lugar de Berni. Que se dejen de boludear, ayuden y sumen a la gestión. O acaso se olvidan que a muchos de ellos los tuvo que sumar al gabinete por pedido de Cristina. Nuestro fracaso es también el fracaso de ellos", responde el ex ministro y todavía funcionario en La Plata.

Nombres para ocupar el cargo de Berni escasean. No se los encuentra por ningún lado y al que nombran como alternativa, rápidamente sale pero a esconderse.

Dos ejemplos: el ministro de Justicia y ex intendente de La Plata, Julio Alak; y el jefe comunal de Escobar y actual funcionario de Massa, Ariel Sujarchuk. "Ojalá no me llamen. A mí que ni me nombren", implora uno de ellos ante Clarín. "Estoy muy cómodo donde estoy y nadie me ofreció nada", concluye.

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