POLÍTICA
Crisis institucional en Argentina: diagnóstico, causas y advertencias del constitucionalista Diego Armesto
Armesto subrayó la inconsistencia de la dirigencia política, especialmente en temas como los decretos de necesidad y urgencia (DNU), donde oficialismo y oposición cambian de postura según su posición de poder. También alertó sobre el deterioro de los partidos políticos, definidos en el artículo 38 de la Constitución como pilares del sistema democrático. Según su visión, hoy están “vaciados ideológicamente” y reemplazados por lógicas de popularidad mediática.
29 de Abril de 2026
El analista politico y constitucionalista Diego Armesto visitó las instalaciones del Multimedios Telecreativa donde trazó un diagnóstico crítico sobre la situación institucional de la Argentina, señalando que la raíz de los problemas estructurales del país no es exclusivamente económica, sino profundamente institucional. Su análisis abarca desde la Constitución Nacional hasta el funcionamiento real de los poderes del Estado, con especial énfasis en la conducta de quienes integran las instituciones.
Armesto sostiene que la Argentina padece una “constante histórica” de falta de respeto por la ley y las instituciones. En línea con los planteos de Daron Acemoglu y James A. Robinson en su obra Why Nations Fail, afirmó que los países fracasan cuando sus instituciones no funcionan adecuadamente.
En ese sentido, remarcó que el problema no radica únicamente en las normas, sino en su incumplimiento cotidiano: “Desde cruzar mal una calle hasta decisiones del poder político, todo forma parte de una cultura de incumplimiento”.
Sobre la reforma Constitucional del 94. Armesto consideró que dicha reforma respondió más a necesidades coyunturales como la reelección presidencial y reelecciones de gobernadores que a una planificación institucional de largo plazo.
Además, retomó conceptos del constitucionalista Roberto Gargarella, quien advierte sobre la incorporación de mecanismos propios del parlamentarismo en un sistema presidencialista, generando “desajustes funcionales”.
Entre los ejemplos, mencionó un Consejo de la Magistratura con funcionamiento deficiente, un Congreso que, en ocasiones, actúa como “escribanía” del Poder Ejecutivo y un sistema judicial cuestionado por su falta de independencia y eficacia.
Compartió su visión sobre el rol de los actores políticos: una responsabilidad compartida.
Uno de los puntos más contundentes del análisis es que la crisis no es de las instituciones en sí, sino de quienes las integran: “Las fallas no son de la institución, son de los hombres”.
Armesto subrayó la inconsistencia de la dirigencia política, especialmente en temas como los decretos de necesidad y urgencia (DNU), donde oficialismo y oposición cambian de postura según su posición de poder.
También alertó sobre el deterioro de los partidos políticos, definidos en el artículo 38 de la Constitución como pilares del sistema democrático. Según su visión, hoy están “vaciados ideológicamente” y reemplazados por lógicas de popularidad mediática.
Su punto de vista sobre El Poder Judicial, en el centro de la crisis
Para Armesto, el núcleo del problema institucional se encuentra en el Poder Judicial. Citando a Hans Kelsen, explicó que en un sistema sano debe cumplirse la premisa básica: “si hay delito, debe haber sanción”.
Sin embargo, denunció: Falta de sanción efectiva a delitos de corrupción, Demoras y paralización de causas judiciales por falta de personal, algo meramente estructural y desigualdad en la aplicación de la ley
En este marco, recordó la máxima del constitucionalista Joaquín V. González: “Sin justicia no hay República”.
Falencias en la Educación cívica y cultura constitucional
Otro aspecto clave señalado fue el desconocimiento generalizado de la Constitución por parte de la ciudadanía. Armesto relató su experiencia como docente en la Universidad de Buenos Aires, donde durante años ningún alumno pudo recitar el preámbulo constitucional.
Para el analista, esta falta de cultura cívica debilita el sistema democrático y limita la exigencia social hacia las instituciones.
La entrevista también abordó la ausencia de controles en distintos niveles del Estado. Armesto describió a la Argentina como “un país descontrolado”, donde fallan organismos clave y mecanismos básicos de supervisión. Como ejemplo, la ineficiencia en organismos públicos y déficit de recursos y organización en el sistema judicial.
El impacto de esta crisis institucional trasciende lo político. Armesto advirtió sobre el creciente desencanto social, reflejado en la baja participación electoral que se ha visto en últimas elecciones. La emigración de jóvenes por la falta de expectativas de desarrollo. “La Argentina no genera futuro”, afirmó, vinculando directamente esta situación con la debilidad institucional.
Armesto concluyó que la solución no depende exclusivamente de reformas normativas, sino de una transformación profunda en la dirigencia y en la sociedad. Recuperar el funcionamiento real de los poderes del Estado, Revalorizar los partidos políticos. Fortalecer la educación cívica y garantizar un Poder Judicial independiente y eficaz.
El diagnóstico es claro: sin instituciones sólidas y respetadas, no hay desarrollo sostenible posible. El desafío, según el analista, será reconstruir la confianza en el sistema democrático antes de que la crisis se profundice aún más.
