ESTEBAN ECHEVERRÍA
Tras 88 años, cerró la única fábrica de aisladores eléctricos de Argentina
Tras casi nueve décadas de actividad, y en una decisión que afirmaron es irreversible, cierra la Fábrica Argentina de Porcelanas Armanino (FAPA), con sede en Monte Grande, que ya avanzó con la liquidación completa de sus instalaciones y el remate de su equipamiento.
6 de Mayo de 2026
Tras 88 años, cierra una fábrica emblemática, y la Argentina pasa a depender de proveedores externos para un insumo clave: los aisladores de porcelana, esenciales para el funcionamiento seguro del sistema eléctrico.
Con el cierre definitivo de esta emblemática fábrica, la Argentina pierde no solo una empresa casi centenaria sino también una capacidad productiva estratégica en un rubro sensible para la infraestructura energética.
Tras casi nueve décadas de actividad, y en una decisión que afirmaron es irreversible, cierra la Fábrica Argentina de Porcelanas Armanino (FAPA), con sede en Monte Grande, que ya avanzó con la liquidación completa de sus instalaciones y el remate de su equipamiento.
La decisión marca el cierre definitivo de una compañía emblemática del entramado industrial local: "FAPA cubría la totalidad de la producción argentina de aisladores de porcelana y abastecía alrededor del 70% del consumo", según cifras de la Cámara de la Industria Electrónica (CADIEEL).
La planta operaba desde 1938 en Mariano Acosta 500 y había sido creada por Leopoldo y Aquiles Armanino. En sus comienzos, el emprendimiento estaba orientado al equipamiento hotelero, pero el freno a las importaciones durante la Segunda Guerra Mundial impulsó un cambio hacia la fabricación de insumos eléctricos.
Con el paso del tiempo, la empresa se posicionó como proveedor estratégico del sistema energético, destacando su condición de fabricante local y la capacidad de ofrecer soporte técnico y servicio posventa en el país.
